miércoles, 29 de diciembre de 2010

El viaje - Historia de dos tiempos (Parte 2)



La tormenta se fue haciendo cada vez mas fuerte, ya habia pasado Pilar y la ruta era un desastre. El viento hacia que el auto se sacudiera levemente, pero lo suficiente como para hacer la tarea de manejar muy dificil en el estado de somnoliencia que le causaron los dos calmantes que se habia tomado. Faltaba poco para llegar al Acceso Oeste, pero prefirio detener la marcha, por lo menos hasta que la tormenta amainara un poco. Paro en un puesto de vigilancia de la RP34, el cartel decia "Puesto de vigilancia. Cuartel IV Pueblo Nuevo. Lujan". No era gran cosa, pero serviria para resguardarse un poco de la lluvia. El puesto constaba de dos edificaciones de ladrillo a la vista. En la principal diviso una antena de television satelital. Y encaro hacia esa puerta. Las ventanas estaba cerradas con unos portectores de madera gruesa, todo estaba muy tranquio, no se oian voces desde el interior, sin embargo golpeo tres veces, nadie lo atendio. Estaba bajo techo al menos, el lugar era tan bueno para resguardarse el asi como el auto. Se sento en el piso, apoyo la espalda contra la puerta principal, prendio un cigarrillo y mientras la lluvia caia el espero.
La tormenta parecia interminable, el llevaba apenas abierta su ventanilla, habia prendido un cigarrillo muy a pesar del pedido de su novia. Lo unico bueno que le reconocio a su cuñada fue la idea de comprar esos deflectores de acrilico para las ventanillas, de esa manera podia mantener abierta un poco, fumar y que el agua no entrara. Aunque de no tenerlos hubiese sido lo mismo, puesto que el grueso de la lluvia daba de lleno contra el lado derecho del Escort, este detalle lo animo a bajar un poco mas su ventanilla antes que seguir escuchando quejas por el humo, las cuales considero infundadas y demostro que el humo no permanecia en el auto debido a que era succionado hacia afuera. "Mira ¿ves como sale y no se queda adentro" le dijo al tiempo que aspiraba y luego emitia una bocanada de humo que atrapada por la fuerza de succion del auto era expelida hacia afuera. "Pero queda el olor y eso es asqueroso" retruco ella viendo que ya habia perdido la contienda. Rieron, cambiaron de musica, ella tiro el asiento hacia atras y le dijo "Voy a dormir un ratito amor. Si llueve mucho para en San Andres de Giles y descansa ¿si?" Dicho esto se recosto en el asiento con sus manos en el abdomen y se durmio.

Se desperto por unas fuertes luces rojas y azules y un reflector que dio justo contra su cara. Una figura masculina se dibujo detras del reflector blanco y tapo el haz de luz en su cara. "Oiga. ¿Esta bien?" dija la voz del hombre que a medida que se acercaba se le dejaba ver un uniforme de la policia. El se levanto pronto y explico cual era su situacion y encima todavia no habia parado de llover. Al dejarse ver el oficial lo invito a pasar, penso ver en el rostro joven de un viejo conocido, al tiempo que prendia las luces unos tubos luminiscentes empezaron a parpadear a los costados. Dejando ver que la edificacion era un solo y gran ambiente, cuatro escritorios, dos de cada lado, a ambos costados de la puerta de ingreso dos sillones de dos cuerpos, de un material similar al cuero, uno color marron, el otro verde oscuro, pero ya cuarteados por el paso del tiempo. Un dispenser de agua mineral estaba ubicado sobre el lado derecho del ingreso. Muchos cuadros con fotos adornaban ambas paredes y en el centro un cuadro grande con la imagen de un hombre mayor, canoso, de fuerte mirada y gesto adusto, en una placa de bronce al pie del cuadro se leia "Com. Insp. ARREDONDO Sebastian. 1944 - 2002. Q.E.P.D". El Oficial fue hacia una oficina ubicada en el fondo, lo unico que permitia privacidad en la misma eran las persianas americanas, ya que los ventanales ocupaban la gran parte de la mimsma. Cuando lo invito a pasar vio que una pava estaba sobre un calentador electrico y el oficial en cuestion preparaba el mate.
"¿Te paso un amargo?" Le pregunto. Ya habia caido la noche y todavia seguian con la ronda de mates amargos y lavados. "Este ultimo va con un beso mio" le dijo y beso la base del mate, él lo acepto y tambien beso la base; era un ritual que mantenian desde la vez que el fue a conocer a sus suegros, el ultimo mate era besado en la base por ambos.
Las luces altas del Escort cortaban cono la monotonia de la noche y apenas un silbante aire entraba por la ventanilla que se mantenia apenas abiertas. La tormenta no habia cesado, ni siquiera en intensidad, procuro disminuir mas la velocidad y le pregunto si no queria parar a descansar en Junin. El prefirio seguir, despacio pero prefirio seguir.
La espesa lluvia dificultaba la visual de la ruta, pero no queria detenerse si queria llegar a tiempo para esta con su familia.
Luego de 3 horas de manejo cautoloso a causa del aguacero la lluvia ceso como si corrieran una cortina. A la derecha de la ruta vio lo que era Junin a lo lejos y penso "Le pego hasta a Laboulaye y listo", piso un poco mas el acelerador y el auto con sus dos pasajeros se perdio en la oscuridad de la de la ruta.

"No hay necesidad de salir a la ruta con esta noche tan cerrada" le dijo. "¿No prefiere quedarse hasta el amanecer?" Insistio. El solo contesto con un escuto "No, gracias". Salio a la puerta, estrecho la mano del joven oficial y le agradecio por la gentileza. La tormenta habia cesado y la luna marcaba el camino a seguir, puso en marcha el auto y siguio camino.
Decidio que era momento de probar limites, la RN7 estaba desierta con lo cual no habia tercero que corrieran riesgos. Empezo a apretar suavemente el acelerador y vio como el velocimetro ascendia lentamente hasta llegar a los 180 km/h., el volante se mantenia establ lo que significaba que la direccion tambien. Piso un poco mas y llego a 200 km/h recien al llegar a 207 km/h el volante comenzo a temblar un poco, redujo la velocidad y la mantuvo en 190 km/h. Nadie, ni siquiera un camion a la vista, era como si la ruta fuera solo para el, su auto y sus pensamientos.
"Pensa un poco lo que estas haciendo" le recrimino ella. "Mira a la velocidad que vas ¿Y si nos pasa algo?". Esas frases dieron comienzo a una discucion que continuo por un par de kilometros sin ningun tipo de resolucion.
"No corras tanto que tengo miedo". Era la tercera vez que hacian el mismo viaje juntos y era la segunda vez en ese viaje que le decia esa frase. Tuvo que ceder ante esa extorsion y bajo la velocidad a 160 km/h.
No volvieron a hablar hasta pasando Laboulaye. Tampo pusieron musica. Las ventanillas bajas y un cigarrillo encendido era lo unico que sucedia dentro de ese auto.

Arrojo el segundo atado de cigarrillos por la ventanilla a la altura de Junin. Una vez le habia prometido que dejaria de fumar. El mismo CD sonaba una y otra vez. Parecia que habia un loop de un solo track por momentos, pero no le dio mayor importancia a la musica. Solo queria llegar a destino y terminar con el viaje de una vez y por todas.

CONCLUIRA en 2011



jueves, 16 de diciembre de 2010

El viaje - Historia de dos tiempos (Parte 1)

Dijo que tenia que ir a ese lugar por recomendacion de un medico amigo, pero la decision final fue suya. Queria ir solo pero su primo se ofrecio a alcanzarlo. El queria manejar, pero el dolor a veces era tan intenso que lo obligaba a pararse al costado del camino por media hora (a veces mas). Era un centro de rehabilitacion traumatologico especializado, ubicada en las afueras de Escobar, y sabia que no podria hacer los, poco menos de, 100 km. sin parar al menos dos veces.
Hicieron casi todo el trayecto en silencio, ninguno de los hablaba, ya no habian risas en el auto. Lo primero que noto el primo fue que el stereo ya no estaba. Lo habia arrancado hacia 2 meses y revoleado por la ventanilla, en alguna de las 47 veces que realizo, lo que con el tiempo amigos y familiares llamaron: El viaje.
Habia vuelto de trabajar temprano, era de noche, llovia, hacia mucho frio y el no tenia muchas ganas de salir. Pero su novia le insistio para que esa madrugada lo hicieran, que entre los dos podrian hacer el viaje y llegar a tiempo. "Solo son 1200 km." habia dicho. "Ya conocemos la ruta, mi amor" lo habia convencido. Se baño, mientras que ella preparaba la cena. Un rico aroma a carne, salteada en vino tinto se elevaba desde la cocina, lo estaba malcriando, penso. Se dejo atrapar por el sentido del olfato mientras se secaba y se ponia los joggins azules con el escudo de Independiente, la camiseta azul y unas pantuflas rojas. Bajando la escalera oyo su voz llamando a la perra, quien bajo corriendo, pero al encontontrarse con la figura de su amo detuvo su marcha, paso a su lado despacio y siguio su carrera hacia el patio para encontrarse con su cena. "Ya te quiere mas que a mi vieja, no la malcries tanto" le decia cada vez que ella le daba de cenar algo mas que no fuera su comida balanceada, pero ella nunca le hacia caso, le gustaba malcriar a Jana como si fuera su hija. La mesa estaba dispuesta de una manera demasiado atrayente que le hizo dudar si habia olvidado alguna ocacion especial, pero aparentemente no era el caso. Su copa de ancho fondo y borde mas angosto estaba sobre la mesa, la tomo, la agito, sintio el aroma del vino y noto inmediatamente que era sanjuanino.
Al ir a la cocina, la vio cortando las verduras para la ensalada. "¿Te ayudo?" le pregunto, abrazandola por la cintura desde atras. Ella solo hizo un gesto con la mano que sostenia la cuchilla indicando la direccion al sillon. Le dio un beso en la mejilla y con un gesto, exageradamente, sumiso se dirigio a su sillon, prendio la tele, un nuevo capitulo de "Los simuladores" daban esa noche, el lo veia solo porque ella preferia leer por la noche.
Ella lo vio tan inmerso en la serie que bajo un poco el calor del fuego, podian esperar un rato mas. Tomo un vaso de jugo natural, una copa vino de tinto y fue a sentarse a su lado. "¿De que la va el capitulo de hoy?" le pregunto en el corte. "Tienen que hacer cagar a un productor trucho de television, aparecio Badia tambien..." le conto brevemente, pero a ella poco le importaba, lo tomo del brazo, se acurruco en el sillo y poso su cabeza sobre su hombro.
Cuando termino el capitulo, el apago la tele, eligio uno de sus discos de Jazz y al suave ritmo de John Coltrane le ayudo a servir la mesa. Cenaron con musica, velas y un buen vino para el. Durante la cena el le dijo que seria conveniente salir de mañana, que no habia dormido siesta, que necesitaba descansar, etc.; ella medio refunfuñando para no darle la razon del todo (aunque sabia que tenia un buen punto), acepto.
Terminaron de cenar, el levanto la mesa y lavo los platos, era lo minimo que podia hacer y lo hacia gustoso todas las noches. Se fueron juntos al patio, Jana estaba tirada con las patas para arriba en uno de los rincones, siempre les causo gracia la manera de dormir de ese animal. Ella acerco el cafe y dos porciones de un postre que le habia enseñado a hacer su suegra. El prendio un cigarrillo, ella rechazo el suyo.
La lluvia habia pasado, aunque todavia estaba fresco. Sentados en el viejo sillon de cañas, vieron como la perra soñaba y movia las patas, cada tanto emitia unos quejidos como ladrandole a algun gato en sus sueños, rieron y Jana se desperto. El le hizo una seña y el animal fue a sentarse junto a ellos, del lado de su amo. Ella le paso su brazo, por su espalda y apoyo la cabeza en su hombro, la perra habia posado su cabeza sobre la pierna de su amo y siendo acariciada por ambos se volvio a dormir.

"Mira que en la ruta podes ir a mas de cien..." dijo con un tono entre ironico y autoritario a su primo. "¿Por que no manejas vos y me dejas de joder?" penso en contestarle, pero se contuvo. Asi que prefirio aunmentar a cientoveinte sin decir nada. "Che ¿Podras escuchar o ver al Rojo en ese lugar? Mira que ya con un titulo adentro el Tolo se nos pone dulce." saco el tema de conversacion, aprovechando que ya habia emitido palabra primero. "¿Que te pensas que es una carcel, boludo?" Cerro la conversacion hasta nuevo aviso.
Una cancion programada los desperto, siempre seleccionaban la misma, porque iba de menor a mayor y no los despertaba sobresaltados, como ese despertador que les regalo un amigo, el que al tener la osadia de molestar un Sabado fue a dar contra la pared de la habitacion destruyendose en el acto.
Ella fue la primera que se levanto de la cama, estaba agotada por la noche que habian tenido, penso que valio la pena no salir esa madrugada. Se puso la bata, se dio una ducha y bajo a la cocina a preparar el cafe y las tostadas. Al tiempo que hacia esto prendio la radio, Mario Pergolini le estaba haciendo una nota a Fernando Peña. Ella no soportaba a Peña, el lo amaba. Apago la radio, puso algo de musica y escucho como el agua corria, espero un momento, lo calculo y con una sorisa picara dejo correr el agua caliente. A los pocos segundos escucho una andanada de insultos acompañado del clasico "El Aguaaaa". Era solo una broma. Cuando lo vio bajar de las escaleras se fue del otro lado de la mesa, entre amague y amague se dejo atrapar. Se trenzaron en un juego de pelea hasta que vino la perra y la defendio a su ama. Siempre la defendia a ella cuando jugaban asi.
Desayunaron los tres, la perra con su bowl de leche y copos de cereal y ellos su cafe y tostadas.

El ostentoso arco con el nombre grabado en relieve era algo imponente, una calle de piedras llegaba hasta la casa principal, a los lados una frondosa arboleda acompañaba el camino. Cuando llegaron a la puerta, el se bajo, tomo un bolso del asiento trasero, le dio un abrazo a su primo y le pidio que cuidara a su perra mientras el no estuviera. Se dieron otro abrazo, unos deseos de pronta recuperacion y el primo emprendio el camino de regreso. Vio como el auto se alejaba por el camino, cuando lo vio desaparecer bajo la cabeza y empezo a caminar. Una mujer abrio la gran puerta de roble, le chisto y le pregunto "¿Buscaba a alguien?". El apenas se dio vuelta, la miro y le dijo "No, disculpe, pero aca no busco a nadie". Retomo el camino hacia el gran arco con el nombre en relieve, por donde minutos antes habia ingresado. Al llegar, abrio el bolso, saco un frasco de pastillas, una botella de agua, tomo dos calmantes. Todavia tenia que caminar 10 km. hasta la ruta.
Jana y la casa quedarian al cuidado de su cuñada, mientras ella le daba todas las indicaciones habidas y por haber acerca de darle de comer, como preparlo y que no debia hacer en su ausencia, el subio a la habitacion a terminar de preparar el bolso, no se llevaba muy bien con su cuñada y preferia evitarla lo mas posible. Tomo las llaves del auto, la billetera, se agacho y le dijo a su perra "Cuida la casa, portate bien...".
Bajo las escaleras y las vio a las dos reirse, pero cuando lo vieron aparecer se silenciaron rapidamente. No iba a preguntar nada, el menor contacto posible era la pauta a seguir para con su cuñada y para evitar todo tipo de discucion.
Un cariñoso abrazo y beso fue la despedida que recibio de su cuñada lo cual lo descoloco un poco, pero no le dio mayor importancia.
El porton empezo abrirse a medida que se subieron al auto. Ya habian empezado sus vacaciones, penso.

Hizo poco menos de un kilometro a pie cuando una camioneta paso a su lado, paro y le pregunto si necesitaba que lo llevaran a algun lado. Le explico que necesitaba ir hasta Escobar. El hombre, gentilmente, se ofrecio en llevarlo. Un ovejero aleman dormia en la parte posterior de la F-100. "Tengo una perra de la misma raza" comento, estuvieron hablando de perros y futbol hasta llegar a Escobar. Le pidio que lo dejara en la estacion de servicio, que el de ahi seguiria solo. Le agradecio, le dio la mano y al bajar acaricio la cabeza del perro que con agrado recibio el mimo.
Camino apenas dos cuadras y llego a un taller mecanico, era temprano pero se oian voces del otro lado del porton. Golpeo dos veces. Salio un hombre mayor, no le ofrecio la mano porque ya estaban sucias. "Buen dia. ¿Esta su hijo? Soy el dueño del Escort." El hombre lo hizo pasar, le ofrecio unos mates al tiempo que charlaban y esperaban al hijo de este. Pero el ya habia visto su auto y sabia lo que venia a continuacion. Pago por el trabajo, se subio al auto, un frio le recorrio la columna vertebral cuando lo puso en marcha. Saco del bolso un atado de cigarrilos, en un semaforo lo abrio y prendio uno. En el proximo semaforo, saco el frente de un stereo y un CD de Soda Stereo, era del ultimo recital. Tomo una ruta interna que pasaba por Pilar para poder tomar la RN7.
La Gral. Paz estaba colmada de autos, todos en la direccion contraria a la que ellos iban, el veia las caras de los que estaban dentro de sus autos y sonreia cada tanto, ella le daba una suave palmadita en el hombro al tiempo que le decia "No seas malo, che...". Ella saco de su mochila los discos del ultimo recital de Soda Stereo, donde se habian conocido. Siguieron camino escuchando esos discos, la variedad musical era el fuerte de ambos, pero en ese viaje no saldrian de Soda Stereo, U2, The Police y Andres Calamaro.
Era mediodia cuando pasaron por Gral. Rodriguez y pararon a comer en una parrilla. Cuando retomaron la ruta, ella quizo manejar, pero el la convencio que estaba bien y que podria continuar. Un frente de tormenta se empezo a formar en el horizonte, todavia hacia calor y la ruta se encontraba desierta, apenas un camion que pasaba en direccion contraria o algun micro de larga distancia que debian pasar. El indicador de velocidad mostraba 180 km/h. "No vayas tan rapido, tengo miedo" le dijo ella, el aminoro un poco la velocidad y dejo el auto en 160 km/h. Cuando pasaron Lujan, se toparon con la tormenta.

CONTINUARA



domingo, 28 de noviembre de 2010

Recuerdos perdidos

Es una noche gris plagada de miedo. Hace rato que se fue, desde hace un buen tiempo que me quiero ir con ella. ¿Cómo juntar coraje para cruzar esa barrera que nos separa? Esa barrera a la que muchos se empecinan en llamar: Muerte. Sin embargo te encuentro en mis sueños, veo tu cara en la cara de todas las mujeres, siento tu cuerpo cada vez que me quedo dormido y me dejo ahogar en el mar de tus cabellos... un mar onírico, pero mar al fin. No quiero despertar solo nunca más, quiero sentir tus brazos abrazándome nuevamente ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me dejaste? ¿Por qué?.
En cada canción, en cada poema, en los gritos del viento, en el susurro del río oigo tu voz. Estas tan lejos, estas tan cerca. ¿Por qué el tormento de no verte, sentirte u oírte nuevamente? ¿Por qué yo? ¿Es esta la vida que escogí vivir?

Me hundo en una vieja botella de licor barato, en el humo de un cigarrillo, en el sordo ruido de la calle, en el oscuro rincón de un bar. Me hundo, nuevamente, en mis pensamientos tan solo para volver a encontrarte, ahí, donde estuviste siempre. El licor empieza a abrumarme, el humo empieza a ahogarme, ya no soporto este maldito ruido citadino, ni la oscuridad. Sin cruzar palabras con el mozo, le pago a desgano. Al salir pase por delante de una mesa en la que se encontraba un señor de edad avanzada, no le di más de 70 años. Al pasar a su lado percibí el aroma al mismo licor viejo y barato del cual fui víctima minutos antes. Solo que este señor se habrá dejado víctimizar durante mucho más tiempo que yo. Antes de salir me dijo, “che pendejo... - lo mire - ... no sabes la noche que te espera...”. Habladurías de borracho, pense y salí sin siquiera contestarle.

Buenos Aires, ciudad intranquila, impaciente. Ciudad gris. Vendedores de artesanías, con sus mantitas negras estratégicamente colocadas en la calle para interrumpirle el paso a cualquiera. Chicos, de esos que dejaron su libertad y sus sueños en manos de vaya uno a saber que tipo de padres, que venden flores para “su novia, señora, amante, concubina o lo que sea”. Espectáculos callejeros, escapados de un circo de mala muerte, con payasos, tragasables, entrenadores de reptiles (ya domesticados imagino), mimos, estatuas vivientes (hacia los cuales profeso un odio mas que explícito).

Antes de prender el ultimo cigarrillo paso por un kiosco. Despues de cinco intentos, no logro entrar en razones con esta persona, no compro nada y sigo mi camino. Definitivamente el borracho aquel tenia razón: No sabia la noche que me esperaba. Resignado seguí caminando la noche. Hasta que di con un kiosco que supo satisfacer mis vicios. Me prometí volver a ese lugar, pero nunca lo hice.

Me siento en un banquito y me pongo a observar una parejita. Ella sentada en un cantero, él de pie a su lado, ella esquivándole la mirada, él deseando encontrar su ojos. Sin previo aviso ella lo abraza, sin previo aviso él la besa. Ella comienza a llorar, él no sabia que hacer. Después de un rato cesa el llanto y él la vuelve abrazar. Después de mucho tiempo de estar en silencio, ambos empezaron a cantar una canción. La reconocí fácilmente ya que era nuestra canción. Nuevamente su recuerdo me envolvió, nuevamente la tristeza se acerco a mi y como una eterna compañera de viajes se sentó a mi lado. Habré estado perdido en mis pensamientos y en mis recuerdos un buen rato ya que cuando volví a la realidad la parejita se había marchado.
Casi me sentí triste por no verlos ahí cuando desperté. Así que prendí un cigarrillo y retome mi camino hacia ningún lado. “El que no sabe cual es su destino final siempre encuentra el camino” decía mi viejo.

Las plazas de Buenos Aires de noche, son como una especie de bosques tenebrosos cercados por calles que se erigen en el medio de un tumulto de edificios malformados. En un banco de la Plaza San Martin me los volví a encontrar. Como un testigo ciego e invisible era parte de esa escena, que se vio interrumpida por la aparición de un carrito de golf con aires de patrullero del Primer Mundo, de donde salió una persona, con aires de policía del Tercer Mundo. Luego de una breve charla con este personaje inesperado, mi parejita abandono el lugar. Nuevamente me quede solo y dispuesto a seguir mi camino. Entre la oscuridad de la noche y la del río, el ruido de unos aviones lejanos se creaba un conjunto casi Dantesco, por así decirlo. Por un lado la tranquilidad de la noche y el río. Por el otro la impaciencia de la noche y el aeroparque. Es la misma noche para ambos lados.

Harto ya de tanto ruido me dispongo a encontrar un poco de tranquilidad en lo profundo de la noche y el río. Me quedo observando el río, me quedo observando la oscuridad, tratando de definir donde termina la noche y empieza el río, y viceversa. Tanto mirar, tanto mirar y no logre nada. Lo único que logre es ponerme a llorar. Recordaba el perfume que utilizaba por las noches, el mismo que le había regalado en nuestro primer aniversario, recordaba el perfume natural de su cuerpo cuando despertaba por las mañanas, recordaba como el perfume de sus cabellos me hacia hundir en el más profundo de los sueños. Recordé todo de ella, pero no lograba recordar su mirada.
Me sumí en la desesperación mas profunda al darme cuenta que ya no tendría su mirada. El cielo empezaba a despejarse y la noche, gracias a la luna, dejaba de ser gris. Las estrellas. La luna. El río. Todos fueron uno. Fue en esa conjunción que su mirada me ilumino, no se desde donde... solo supe que ella me observaba. Amaba escuchar el río, solía decir que entre ellos no había secretos. Es por eso que desde que se fue vengo muy seguido, quizá en uno de esos murmullos ribereños me divulgue el “PORQUE” de su partida. Esta no fue una noche de confesiones. Ya no se que hacer con este sentimiento de soledad... Muchas veces pense que la mejor salida era reunirme con ella, donde quiera que este, pero estar con ella. Toda la noche pensando, recordando e intentando escuchar que el río me develara algún secreto. Quizas deba confiarle alguno de los mios primero.

Al llegar a mi departamento no prendo ninguna luz y voy a directo a mi habitación. Me desplomo sobre mi cama. El cansancio me termino ganando. Lo ultimo que recuerdo es haberme dormido con música de jazz, Miles Davis.

Me desperté con el sol que se colaba por un rincón de mi ventana. Lo primero que hago es prenderme un cigarrillo. Voy hasta el baño, me quedo una hora debajo del agua, quieto, con la mente en blanco. Al salir busco en la cocina algún resto de café instantáneo y no lo encuentro por ninguna parte. Salgo de mi casa sin apuro. ¿Por qué tendría que estarlo? Es sábado, son las cuatro y media de la tarde y no me espera nadie en ningún lugar.

Por la Av. Corrientes me instalo en cada una de las librerías con pinta de tugurio tanguero. Son los mejores lugares para encontrar libros que quedan perdidos en el tiempo. Entro, revuelvo los estantes y salgo. Lo hago una y otra vez. Muy rara vez compro algún libro. Antes lo hacia más seguido, lo hacia con ella. Lo hacia para ella. Llego al bar de siempre, ese bar de esquina, ese bar de ciudad. Entro y me siento en la mesa de siempre, pido el mismo licor viejo y barato de siempre.

En la misma mesa estaba el viejo. Esta vez parecia estar un poco más sobrio que ayer. Nuevamente me hundí en mi licor viejo y barato, en las paginas de deportes de un enorme e inmanejable diario y en el humo de mis cigarrillos.

No se bien por que pero me dieron ganas de irme de ese lugar, así que llame al mozo, le pedí la cuenta y al pagarle se quedo esperando propina, simplemente no quise dársela. Al irme pase al lado del viejo quien me dice, “Che, vo’, pendejo... no sabes la noche que te espera” – nuevamente percibí el aroma a licor barato en sus palabras. “No le entiendo” – le dije – “ayer me dijo lo mismo y no me paso nada extraño”. “¿Estas seguro pendejo? El día puede ser muy cruel... pero la noche es la mejor de todas las novias, en especial para gente como vos que sabe lo que esta buscando pero no lo quiere encontrar por miedo a perder algo mas valioso.”. “¿De que me esta hablando? ¿Y usted que puede saber que es lo que estoy o no estoy buscando?” – le pregunte un poco intranquilo. “Porque yo no sabia lo que buscaba, hasta que lo encontré y cuando lo hice me arrepentí de haberlo hecho porque no sabia lo que habia perdido.”. Volví a pensar que solo se trataban de habladurías de borracho, más que nada por lo rebuscado de sus palabras, y me fui.

Esa tarde el sol castigaba muy fuerte, sus rayos eran como flechas que iban a clavarse en el corazón del herido, las llagas de la ciudad se agrandaban. Por suerte el sol se estaba ocultando detrás de los edificios para luego morir en el horizonte, horizonte que nunca veremos.
Nuevamente Lavalle. En sábado toma una vida particular. Ruidos electrónicos, gritos de chicos, gritos de padres, silencios de pobres, cines repletos, tramos de calles desiertas, predicadores callejeros de un Dios desvanecido por la falta de fe, reverenciando a un nuevo dios: el dinero.

Me aleje de las avenidas y las calles transitadas, no se por que tengo esa manía de andar por calles semi desiertas. El microcentro en sábado da un aspecto casi lúgubre. No hay nadie. Los bancos están cerrados, los kioscos, los bares, los hombres de traje y corbata, las motos, los taxis, todo. Todo esta muerto. Caminando sin pensar en nada llego a mi un quejido, un sórdido llanto. A medida que caminaba el llanto se volvía más... ¿rítmico?. La fuente de ese llanto era una mujer, estaba sentada en lo más oscuro de un umbral, donde no llegaba ni el más mínimo resquicio de luz, pero tenia un brillo aquella mujer del cual no soy apto para describir con palabras. Tenia puesto un vestido blanco, casi transparente, que dejaba intuir una figura perfecta. Puedo soportar cualquier cosa, o casi cualquier cosa, pero no puedo soportar ver a una mujer llorar. Me causa una impotencia insoportable. Cuando me intente acercar ella se alejo aun más, su rostro no era de miedo, era de pánico. ¿Hacia mi?. “No tengas miedo” – le dije, pero no hubo respuesta. Me quede sentado a una distancia prudencial. Saque el atado de cigarrillos y extendí mi mano ofreciéndole. Se arrinconaba aun más. Prendí mi cigarrillo. No termine de darle la primer pitada cuando sentí que una ráfaga de viento me lo arrancaba de mis labios, cuando voltee a mirarla... lo estaba fumando ella. Me prendí otro. Nos quedamos en silencio, tan solo fumando, era tal el silencio que ni su respiración sentía. Me gusta el silencio. Disfrute de ese silencio.

La noche gano terreno al día. La oscuridad le ganaba la batalla a la luz. Y ella le gano la lucha al silencio. “Gracias por el cigarrillo” – me dijo. Sorprendido la mire, ese brillo indescriptible era aun más fuerte. Sus ojos se iluminaron y hasta sus cabellos parecían brillar. “De nada” – conteste – “¿Quiere otro?”. Es una buena costumbre que tome de mi padre, nunca tratar de vos a una mujer, por lo menos no hacerlo hasta lograr un confianza o hasta que lo pida. Ante todo el respeto. “Si, por favor. Pero no me trate de usted, mi nombre es Kathrina, Kathrina Tepes.” Cuando dijo su nombre note un acento extraño. Y su apellido me resulto familiar. Tepes, se pronunciaba "Tefs". “Acá tiene... digo toma acá tenes Kathrina” – le dije un tanto nervioso ofreciéndole un cigarrillo – “¿Puedo preguntarte algo?” – indague – “Si, por supuesto” – dijo ella. “Argentina no sos.. ¿de donde sos?”, “Soy de Rumania, llegue hace poco al país. Vine a visitara unos...” – dudo un instante y completo – “familiares”. “¿Por qué llorabas?” – le pregunte. Su respuesta me hizo sentir más estúpido de lo que pensaba que era. “Porque estoy perdida en un país que no conozco.” - dijo. “Si claro... disculpa” – no sabia que decirle, su respuesta fue más que humillante para mi ego. – “Para no conocer el país hablas bastante bien el castellano”. No dijo nada, solo se levanto, me tomo de la mano y empezamos a caminar por las oscuras y desiertas calles del microcentro. No creo que supiera adonde iba, pero fui con ella. Me equivoque. Caminando llegamos hasta un edificio en Paraguay al 600. Un hombre con aires de agente de seguridad al verla llegar le hizo una especie de reverencia, “Buenas noches Señorita Tepes.” - dijo el hombre. Era señorita, pense, el corazón me empezó a latir muy fuerte. Era señorita. Pero... ¿por qué esa reverencia? y ¿por qué ese silencio tan prolongado?. Subimos hasta un departamento en el piso 6. Mi corazón no dejaba de latir fuerte. Kathrina seguía sin decir una palabra. Al llegar al departamento se dirigió a una habitación.
Me quede solo en el medio de una sala desnuda de muebles.
Al cabo de unos minutos decidí entrar. Su cuerpo desnudo yacía en una improvisada cama, pero seguía sin decir palabras. Me acerque casi con precaución. Obviamente era una invitación, pero no sabia que hacer. Seguí avanzando y me recosté a su lado. Sin que me diera cuenta empezó a desvetirme. Sus labios empezaron a recorrer todo mi cuerpo. No existían las palabras. Solo había silencio. Mis brazos cubrieron aquel cuerpo desnudo. Nuestra piel empezó una partida de póker de los sentidos, la apuesta mayor fue el placer. No había reinas, reyes, ni ases, las cartas... las cartas eran nuestros cuerpos. Tan desnudos, tan vulnerables, tan... silenciosos. Cada lagrima, cada gota de sudor y de sangre moría entre las sabanas que también fueron protagonistas de este juego... de este juego de seducción. De repente sentí como su sangre limpia, tibia y joven empezaba a invadir mis venas, llenando de vida este cuerpo vacío.

Al finalizar aquel juego ella paso su brazo por mi cuello e hizo apoyar mi cabeza en su pecho. Sus cabellos me envolvían. Su perfume me adormecía. Sentí una extraña sensación de protección. Sin palabras y en silencio caí en el mas profundo de los sueños.
Al despertar la busque... pero no logre encontrarla. De hecho ni siquiera estaba yo en aquella habitación. Estaba tendido en mi cama, desnudo y a oscuras. Por un momento pense que había sido tan solo un sueño, pero al borde de mi cama se encontraba el vestido blanco de Kathrina. Desesperado salte de mi cama y me vestí lo mas rápido que pude, salí de mi departamento y baje las escaleras de a cuatro escalones, salí a la calle, pare un taxi y me fui.
“Paraguay y Maipu.. ¡¡¡ RAPIDO !!!” – le ordene al chofer. El hombre salió lo mas rápido que pudo. “No frene en ningún semáforo, yo le pago las infracciones. Es una emergencia”. El chofer ya un poco asustado hizo caso a mis ordenes.

Al llegar a destino le tire un billete de $50 y salí corriendo hasta el edificio. Al llegar al lugar me sorprendí como nunca en mi vida. El lugar estaba desierto, deshabitado. Vanos fueron mis intentos de golpear la puerta... hasta el punto de querer derribarla. Un hombre que pasaba por ahí me dijo “EH! ¿Esta loco usted? ¿no se da cuenta que esta abandonado este lugar?”. “¡¡¡ IMPOSIBLE !!!” – le grite – “Ayer estuve acá... estaba habitado... estaba ella”. “Señor, este edificio esta abandonado hace trece años” – me dijo un tanto asustado. “¿¿¿¡¡¡ QUE !!!??? No puede ser, no puede ser.”

Me quede solo, sentado en el suelo. ¿Cómo podía estar abandonado ese lugar? Ayer a la noche yo estuve acá... estuve con ella... Me quede sentado y con las manos me cubría la cara para no dejar ver que lloraba. Cuando termine de llorar. Me fui del lugar. Al entrar al bar me senté, nuevamente, en mi mesa. No hizo falta que pidiera nada, el mozo había traído ya mi licor viejo y barato. Uno tras otro... una y otra vez. Me hundía cada vez mas en los vapores del licor y de la duda. En el punto mas alto de mi borrachera se acerco el viejo, “No le dije... ya sabia... usted iba a encontrar eso que andaba buscando y no quería encontrar”, “¿Qué? ¿De que esta hablando? ¿quién es usted?” - le dije muy borracho – “Pendejo... sabes muy bien quien soy yo” – dijo, y siguio – “Al encontrarlo perdiste algo mucho mas importante para vos”. “¿Qué encontré? ¿qué perdí? ¡¡¡ No me joda !!!” - le grite. “Encontraste a Kathrina... perdiste tus recuerdos”. Dicho esto ultimo se levanto de la mesa y se fue del bar. Me levante como pude y lo corrí, lo vi doblar la esquina pero cuando llegue no había nadie...

Ahora estoy en el bar, de nuevo en la misma mesa, con un café bien cargado. Intentando descubrir lo que me quiso decir aquel hombre. ¿De que recuerdos me hablaba? ¿Cómo y de donde conocia a Kathrina? ¿Dónde estaba Kathrina? Esta noche se cumple un años de aquel único encuentro. Durante todo este tiempo la estuve buscando sin lograr encontrarla en ningún lado.

Sin embargo la encuentro en mis sueños, veo su cara en la cara de todas las mujeres, siento su cuerpo cada vez que me quedo dormido y me dejo ahogar en el mar de sus cabellos... un mar onírico, pero mar al fin. No quiero despertar solo nunca más, quiero sentir sus brazos abrazándome nuevamente ¿Por qué te fuiste? ¿por qué me dejaste? ... ... ... ¿Por qué no?.





sábado, 18 de septiembre de 2010

Acerca de la Libertad


(este post no es apto para floggers, emos o pelotudos)
Segun Rene Descartes la Libertad "consiste solamente en que, para afirmar o negar, perseguir o evitar, las cosas que el entendimiento nos propone, obramos de manera tal que no sentimos que ninguna fuerza nos fuerce."

Ninguna fuerza que nos fuerce...
Vivimos plagados de fuerzas que nos tironean de un lado hacia el otro. Es casi imposible evitarlas y solo cuando lo logramos es que nos damos cuenta que estamos estancados. Y es justo ahi donde hay que salir nuevamente al ruedo.
Entonces segun Descartes para ser libres no hay que sentir fuerza alguna, pero el no sentir fuerza es estar detenido, estancado, sin avanzar... y asi no vale la pena vivir.

Desde "Los bajos fondos" (Maximo Gorki):
"Un hombre puede creer o no creer, eso es cosa suya. Porque es su propia vida la que apuesta por la fe, la incredulidad, el amor y la inteligencia. Y no hay sobre la tierra otra verdad más grande para el espíritu humano que esta gloriosa y humilde condición. El hombre arriesga su propia vida cada vez que elige y eso lo hace libre."

Recientemente vi Caballos Salvajes (otra vez) y es, para mi, una pelicula que retrata la libertad de manera muy clara y concisa. Ver deslizarse ese Ford Escort cabriolet por la ruta, con musica de Calamaro augurandose que algun lugar encontraria... eso es libertad y es estar en movimiento, y es estar siendo empujado por fuerzas que son mayores que uno mismo ¿o acaso nunca les paso de agarrar el auto y simplemente salir a manejar; o despertarse un dia, clazarse unas zapatillas y salir a correr, trotar o, simplemente, caminar? Y eso es ser empujado por una fuerza mucho mayor...
Sin hacer chivos en demasia, ultimamente estoy definiendo mis estadias en Starbucks como un oasis en mi dia. Por X motivo me falta este momento y no siento que el dia sea del todo completo. Es un lugar donde la libertad pasa por el lado de sentarme en una mesa y solo poder disfrutar de buena musica, un buen ambiente, rico cafe y sentarme un rato a liberar mi mente y despejarla de los quilombos diarios... todo esto durante la semana, porque un Sabado o un Domingo con pendejos correteando por todos lados, los gritos de las madres, las puteadas de los padres... ese oasis se transforma en una carcel. Y asi no hay manera alguna de dejar en libertad a la imaginacion.
Y queriendo ser libre muchas veces me termino preguntando cuantas conseciones termino haciendo en pos de pequeños momentos de paz.
Se debe estar en movimiento para ser libre. Movimiento mental o fisico, no importa. No se puede uno estancar en un momento, en un recuerdo, en un dolor.
Espero que esto que leyeron, les guste o no, les sirva como empuje (no como motor), para empezar movilizarse en sus vidas...

"You've got to get yourself together. You've got stuck in a moment and now you can't get out of it. Don't say that later will be better now you're stuck in a moment and you can't get out of it..."

¿Quien pudiera ser libre y hacer todo lo que quisiera... sin ser esclavo de su propia libertad?

"Es libre lo que existe únicamente por necesidad de su naturaleza y solo por ella se determina la acción" (Baruch Spinoza)


Fecho

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